La transmisión intergeneracional en sociedades sin prisa

En un texto elaborado desde el Centro Internacional sobre Envejecimiento (CENIE) se realiza una reflexión en torno a que una sociedad longeva nos solo vive más: conviven más. Abuelos, abuelas, madres, padres, hijos e hijas e incluso bisabuelas y bisabuelos conviven durante décadas, no como excepción, sino como parte habitual del paisaje social. Ese hecho —aparentemente doméstico— tiene una consecuencia profunda: la transmisión intergeneracional deja de ser un gesto ocasional y se convierte en una infraestructura cultural.
El texto desarrolla algunas reflexiones en torno a la idea de que para que exista transmisión tiene que existir algo previo: tiempo, atención y una sociedad que no viva siempre con prisa. Hablar de “sociedades sin prisa” no es idealizar la lentitud. Es entender que hay procesos humanos que no se pueden acelerar sin perder calidad: el vínculo, la escucha, la transmisión.
En el texto se profundiza en el hecho de que en un mundo donde vivimos más años, la gran pregunta es qué hacemos con ese tiempo. Una parte de la respuesta está en usarlo para construir continuidad entre generaciones. No se trata de volver al pasado. Se trata de recuperar el tiempo humano que permite aprender de quienes estuvieron antes y de quienes vienen detrás.




