Personas trabajadoras autónomas: teletrabajo y soledad
Según los datos disponibles, en España, alrededor de la mitad de personas autónomas trabaja desde casa, y eso incluye a periodistas, asesores fiscales, publicistas, abogacía, profesorado, personas que realizan ilustraciones… que, en el mejor de los casos, disponen de un despacho en su vivienda —la célebre “habitación propia”— y, en el peor, apenas han podido encajar un escritorio en su dormitorio. Este tema está desarrollado en un artículo muy interesante de Enrique Rey publicado en el País.
Muchos estudios demuestran que, entre los 20 y los 60 años, especialmente para los hombres, el trabajo es el lugar en el que con más frecuencia surgen amistades nuevas (antes lo fue la escuela y más tarde lo será el vecindario). Quizá por eso, quienes trabajan desde casa, y especialmente quienes son freelance, son las personas más proclives a la soledad.
En 2017, surgió en el Reino Unido una plataforma llamada Leapers que visibiliza los problemas de salud mental, muy relacionados con la soledad, que padecen allí las personas autónomas y les ofrece una red de apoyo. Para profesiones que dependen de internet y trabajan en condiciones similares, las conclusiones de sus informes son extrapolables a prácticamente cualquier país. Las más significativas son las siguientes: en 2024, el 32% de las personas autónomas sintió el impacto de la soledad y el aislamiento de manera constante, mientras que un 89% lo notó en algún momento puntual; el 66% pensó que los patrones y rutinas de trabajo irregulares le estaba perjudicando; y un 91% se sintió improductivo (y agobiado por la falta de ingresos) durante algún mes. En definitiva, un 86% de las personas encuestadas coincidió al afirmar que el trabajo por cuenta propia resulta problemático para la salud mental.
“Cuando eres autónomo, tienes que esforzarte para crear conexiones, conocer gente y mantener el contacto. Vemos a muchos autónomos luchando contra sentimientos de aislamiento que, según nuestra investigación, pueden ser 2,5 veces mayores respecto a los empleados por cuenta ajena”, indica Knight, que insiste en que los freelance deben reservar parte de sus energías para sus vínculos amistosos. “La mayoría de los autónomos que conozco equilibran el tiempo en casa quedando con otros fuera del trabajo, trabajando en cafeterías y coworkings, asistiendo a eventos de networking y, por supuesto, tener más flexibilidad también permite ver a los amigos fuera del horario laboral”, continúa.
Tras casi una década escuchando y organizando las reivindicaciones de los freelance británicos, Knight concluye algo parecido: “Nuestro estudio anual muestra varios desafíos: la falta de confianza (si intentas resolverlo todo solo, es fácil dudar de tus instintos); el aislamiento y la ansiedad financiera. Gran parte de nuestro trabajo consiste en lograr que la gente sea proactiva: detectando cuando las cosas fallan, estableciendo límites para protegerte y asegurando una comunidad para no estar solo. Sin embargo, lo que más me preocupa son los malos comportamientos de los clientes: condiciones de pago injustas, facturas atrasadas, ghosting, tarifas bajas, contratos restrictivos o cancelaciones de última hora”, lamenta.
Al final, como tantas otras cosas, la salud mental de los autónomos también depende de los mecanismos de rendición de cuentas que regulan su relación con las empresas para las que trabajan: “Si las organizaciones dependen cada vez más de los autónomos, tienen la responsabilidad de trabajar de forma ética y no hacer daño. Las empresas deben empezar a rendir cuentas por esta parte de su fuerza laboral”, zanja Knight.




